11 ¿Quién es Jesucristo según las Escrituras?
Hermano, hermana, hay preguntas que no podemos responder a la ligera. Una de las más importantes es esta: ¿quién es realmente Jesucristo? No basta con saber que nació en Belén, hizo milagros, murió en una cruz y resucitó. La Biblia nos invita a mirar más profundamente y reconocer quién es aquel que vino a salvarnos.
En esta enseñanza vamos a caminar por el testimonio del apóstol Juan. No queremos repetir una frase sin entenderla ni defender una doctrina con argumentos aislados. Queremos escuchar el texto, observar su contexto y dejar que el conjunto de las Escrituras ilumine nuestra fe.
Acompaña esta lectura con: Juan 1:1-14; Colosenses 2:8-10; 1 Timoteo 3:16.
La verdad que estudiaremos: Tomás confesó a Jesús resucitado como “Señor mío y Dios mío”, y Juan explica que escribió su Evangelio para que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y tengamos vida en su nombre.
1. Pongámonos en la escena: Tomás encuentra al Señor resucitado
Para comprender las palabras de Tomás, imaginemos lo que los discípulos habían vivido. Habían visto a Jesús ser arrestado y crucificado. Su muerte había golpeado sus esperanzas y los había llenado de temor. Entonces comenzaron a recibir una noticia extraordinaria: la tumba estaba vacía y el Señor se había presentado vivo.
Cuando Jesús apareció por primera vez en medio de los discípulos, Tomás no estaba allí. Los demás le contaron que habían visto al Señor, pero él no pudo aceptar el testimonio de sus compañeros sin más. Dijo que necesitaba ver las marcas de los clavos y comprobar que Jesús estaba vivo (Juan 20:24-25).
Ocho días después, Jesús volvió a presentarse. No ignoró la duda de Tomás; se dirigió a él y le invitó a comprobar las marcas de su crucifixión. La respuesta de Tomás es una de las confesiones más profundas de todo el Evangelio.
“¡Señor mío, y Dios mío!”
Juan 20:28 · Fragmento bíblico
Observá que Tomás no está hablando de una idea ni de una experiencia indefinida. Está respondiendo a Jesús, el mismo que fue crucificado y ahora se presenta resucitado. La resurrección confirma que la muerte no tuvo la última palabra y obliga a los discípulos a reconsiderar quién es Jesús.
2. “Señor mío y Dios mío”: una confesión personal
Leamos despacio la expresión. Tomás llama a Jesús “Señor mío” y “Dios mío”. No se limita a reconocerlo como un maestro importante o un profeta más. Su respuesta expresa reverencia, reconocimiento y fe personal.
Hay algo pastoral que no debemos pasar por alto: Tomás pasa de exigir pruebas a confesar con humildad. El encuentro con el Resucitado cambia su manera de hablar. La fe bíblica no consiste solamente en tener información correcta; nos lleva a rendirnos ante el Señor y a reconocer su autoridad sobre nosotros.
Jesús no rechaza la confesión de Tomás. En el versículo siguiente habla de la fe de quienes creerán sin haberlo visto físicamente (Juan 20:29). Y Juan concluye este relato explicando el propósito de su Evangelio. Por eso, la confesión de Tomás no debe separarse del mensaje que Juan quiere que recibamos acerca de Jesús.
Desde nuestra comprensión pentecostal unicitaria, esta confesión concuerda con la enseñanza de que el único Dios se ha dado a conocer en Jesucristo. Al explicar esta convicción, debemos mostrar cómo la entendemos a partir de la Escritura y reconocer con honestidad que otras tradiciones cristianas interpretan la relación entre el Padre y el Hijo de otra manera. La claridad no necesita desprecio; la convicción cristiana debe ir acompañada de respeto.
3. ¿Para qué escribió Juan su Evangelio?
“Estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”.
Juan 20:31 · Fragmento bíblico
Este versículo nos ayuda a comprender el corazón del Evangelio. Juan no escribió solamente para dejar un registro de hechos antiguos ni para alimentar discusiones religiosas. Escribió para conducir a sus lectores a la fe en Jesús y a la vida que hay en su nombre.
“Cristo” significa Mesías, el Ungido prometido. “Hijo de Dios” es uno de los títulos centrales del Evangelio y debemos leerlo con cuidado, sin borrar los relatos que muestran la humanidad verdadera de Jesús. Él nació, creció, sintió hambre y cansancio, oró, sufrió y murió. Todo eso forma parte de la encarnación, no de una apariencia.
Al mismo tiempo, Juan comienza su libro declarando que el Verbo era Dios y después afirma que el Verbo se hizo carne (Juan 1:1, 14). Una lectura fiel no debe esconder ninguna de estas afirmaciones. Necesitamos preguntarnos cómo presenta la Escritura tanto la identidad divina de Cristo como su vida humana real.
4. El Verbo era Dios y se hizo carne
Volvamos a Juan 1:1-14. Juan afirma que el Verbo estaba en el principio, que estaba con Dios y que era Dios. Más adelante declara que ese Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Leídos juntos, estos pasajes nos llevan a contemplar una verdad asombrosa: Dios se dio a conocer en la historia humana por medio de Jesucristo.
El Verbo era Dios
Juan atribuye al Verbo identidad y naturaleza divinas. No presenta a Jesús como un simple maestro humano.
Se hizo carne
La encarnación significa humanidad verdadera: Jesús participó de nuestra vida y pudo sufrir y morir.
Habitó entre nosotros
Los discípulos conocieron a Jesús en la historia y dieron testimonio de la gloria que vieron en él.
En la interpretación pentecostal unicitaria, el Verbo se entiende como la autoexpresión y revelación de Dios, manifestada en la humanidad de Jesucristo. Confesamos un solo Dios y afirmamos que en Jesús se revela plenamente. Esta es una conclusión doctrinal que procura reunir el testimonio bíblico; por eso debemos estudiarla considerando los pasajes en su contexto, no apoyándonos en una sola frase aislada.
5. La plenitud de la Deidad habita en Cristo
“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”.
Colosenses 2:9 · Fragmento bíblico
Antes de escribir esta declaración, Pablo advierte a los creyentes que no se dejen llevar cautivos por filosofías y engaños vacíos (Colosenses 2:8). En lugar de alejarlos de Cristo, los conduce a reconocer la plenitud que habita en él. La palabra “toda” es importante: el apóstol dirige la mirada de la iglesia hacia la suficiencia de Jesucristo.
El versículo siguiente enseña que los creyentes están completos en él (Colosenses 2:10). Nuestra esperanza no depende de encontrar otro salvador ni una revelación que reemplace a Cristo. En él tenemos al Salvador y la revelación de Dios que necesitamos para nuestra vida de fe.
Al enseñar este pasaje, evitemos usarlo como una consigna sin explicar su contexto. Pablo está animando a una iglesia a permanecer arraigada en Cristo, no simplemente entregándonos una frase para una discusión. La doctrina tiene que fortalecer nuestra confianza, nuestra adoración y nuestra fidelidad al Señor.
6. Si Jesús es Dios manifestado en carne, ¿por qué oraba al Padre?
Tal vez esta sea una de las preguntas que más escuchamos. Los Evangelios muestran a Jesús orando al Padre, obedeciendo su voluntad y hablando de la gloria que tenía junto a él. No debemos borrar esos pasajes ni pretender que no plantean una pregunta importante.
La respuesta pentecostal unicitaria parte de la encarnación: el Hijo es verdaderamente humano. Jesús no fingió ser hombre. Vivió una vida humana real, obedeció, sufrió y se entregó por nosotros. Sus oraciones pertenecen a esa vida humana y a la obra de redención que vino a cumplir.
Desde esta perspectiva, “Padre” habla de Dios como fuente de la obra redentora y en su trascendencia; “Hijo” se refiere a Dios manifestado en humanidad verdadera, el Mesías nacido, que ora, obedece, sufre y muere. Esta es una síntesis de la interpretación unicitaria, y cada pasaje debe examinarse en su propio contexto.
Quedémonos con dos cuidados necesarios. Primero, no neguemos la humanidad de Jesús: su oración y obediencia fueron reales. Segundo, no concluyamos por eso que la Biblia enseña dos dioses independientes. Nuestro trabajo es reunir con honestidad todo el testimonio bíblico y explicar cómo entendemos la relación entre la identidad divina de Cristo y su humanidad.
7. La verdad acerca de Jesús debe transformar nuestra vida
Volvamos al propósito de Juan: creer y tener vida en el nombre de Jesús. La doctrina no fue dada para que nos sintamos superiores a otras personas ni para convertir cada conversación en una pelea. La verdad acerca de Cristo debe acercarnos a él y producir fruto en nuestra manera de vivir.
Fe
Recibimos el testimonio bíblico acerca de Jesús y confiamos en su obra salvadora.
Obediencia
Reconocer a Jesús como Señor debe reflejarse en nuestras decisiones y conducta.
Testimonio
Compartimos nuestra convicción con fundamento bíblico, mansedumbre y respeto.
Preguntémonos con sinceridad: ¿mi confesión de fe se nota en mi hogar, en mi trato con los demás y en mi manera de servir? Si llamamos a Jesús “Señor mío”, estamos reconociendo que no queremos seguir solamente nuestros propios deseos. La verdad que confesamos debe ir tomando forma en nuestra vida diaria.
8. Repasemos lo que hemos aprendido
- Tomás confesó al Jesús resucitado: “Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28).
- Juan escribió para que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y tengamos vida en su nombre (Juan 20:31).
- Juan presenta al Verbo como Dios y afirma que se hizo carne (Juan 1:1, 14).
- Pablo declara que toda la plenitud de la Deidad habita corporalmente en Cristo (Colosenses 2:9).
- La interpretación pentecostal unicitaria confiesa un solo Dios revelado en Jesucristo y sostiene la realidad de la humanidad del Hijo.
- La enseñanza bíblica debe estudiarse en su contexto y compartirse con verdad, humildad y respeto.
9. Preguntas para conversar y comprobar lo aprendido
No respondás de memoria solamente. Volvé a leer los pasajes y explicá con tus propias palabras lo que observás en ellos.
- ¿Qué había sucedido antes de que Tomás confesara a Jesús como Señor y Dios?
- ¿Qué nos enseña la expresión “Señor mío y Dios mío” acerca de la respuesta de Tomás?
- Según Juan 20:31, ¿cuál es el propósito del Evangelio?
- ¿Qué dos afirmaciones debemos mantener juntas al leer Juan 1:1 y Juan 1:14?
- ¿Qué declara Colosenses 2:9 acerca de Cristo?
- ¿Cómo explica la interpretación unicitaria que Jesús orara al Padre?
- ¿De qué manera nuestra confesión de Jesús como Señor debe cambiar la vida diaria?
10. Actividad para esta semana
Apartá un tiempo para leer Juan 20:24-31, Juan 1:1-14 y Colosenses 2:8-10. En tu cuaderno, para cada pasaje, anotá:
- ¿Qué afirma directamente el texto acerca de Jesús?
- ¿Qué pregunta me ayuda a plantear o resolver?
- ¿Cómo se relaciona con el resto del testimonio bíblico?
- ¿Qué cambio práctico me invita a hacer?
Después prepará una explicación breve de Juan 20:28 para compartirla con alguien. No ridiculicés a quien entiende el pasaje de otra manera; presentá tu convicción con Biblia, claridad y amor cristiano.
11. Terminemos en oración
Continuá estudiando las enseñanzas de esta colección en orden.
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