17 La predicación de Pedro acerca de Jesucristo

Cielo abierto sobre montañas, imagen para un estudio bíblico sobre la predicación apostólica
Colección I · El fundamento de la Unicidad de Dios

La predicación de Pedro acerca de Jesucristo

Hechos 2:22-36 · La muerte, la resurrección y el señorío de Jesús

Hermano, hermana, quiero que nos situemos por un momento en el día de Pentecostés. La multitud acaba de presenciar algo extraordinario: los discípulos hablan por el poder del Espíritu Santo y las personas escuchan el mensaje en sus propios idiomas. Entonces Pedro se pone de pie y comienza a explicar lo que está sucediendo. Pero fijate en algo importante: no centra su predicación en la experiencia de los discípulos, sino en Jesucristo.

En esta lección vamos a caminar por Hechos 2:22-36 paso a paso. Nuestro propósito no es tomar una frase aislada para demostrar una idea que ya tenemos, sino escuchar el argumento completo de Pedro: Jesús vivió y obró entre el pueblo, fue crucificado, Dios lo resucitó, fue exaltado y ahora es proclamado Señor y Cristo. Desde nuestra perspectiva pentecostal unicitaria, estudiaremos este mensaje manteniendo juntas dos responsabilidades: confesar que Dios es uno y respetar lo que cada pasaje bíblico afirma en su propio contexto.

Propósito de la lección

Comprender cómo Pedro anunció la muerte, la resurrección y la exaltación de Jesucristo, y cómo su mensaje llama a reconocerlo como Señor y Mesías.

1. Pedro anuncia a Jesús, no solamente una experiencia

Hechos 2 comienza con el derramamiento del Espíritu Santo. Cuando algunos se burlaron o no comprendieron lo que ocurría, Pedro explicó que aquello estaba relacionado con la promesa de Dios. Después dirigió la atención de sus oyentes hacia Jesús de Nazaret. Esta transición es fundamental: la experiencia espiritual debía entenderse a la luz de la obra de Dios y del testimonio de las Escrituras.

Observemos el recorrido del discurso. Pedro habla de las obras de Jesús, de su entrega a la muerte, de su resurrección y de su exaltación. Finalmente, presenta la conclusión que Israel debía reconocer. Leer el pasaje completo nos ayuda a no convertir una expresión —por importante que sea— en una explicación separada del resto del mensaje.

Texto clave · Hechos 2:36

«Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo».

Reina-Valera 1960

Esta declaración es la conclusión del mensaje, no una frase suelta. Pedro habla del mismo Jesús que fue crucificado y al que Dios resucitó. La pregunta que debemos llevar durante todo el estudio es: ¿qué está anunciando Pedro acerca de Jesús y qué respuesta espera de quienes lo escuchan?

2. Jesús fue aprobado por Dios mediante sus obras

Pedro recuerda que Jesús de Nazaret fue «varón aprobado por Dios» mediante milagros, prodigios y señales (Hechos 2:22). Sus oyentes podían reconocer que su ministerio había ocurrido públicamente. Jesús enseñó, sanó, hizo señales y anunció el reino de Dios. Pedro presenta esas obras como testimonio de la misión que Dios realizó por medio de él.

Detengámonos en la expresión «varón». El Nuevo Testamento no presenta la humanidad de Jesús como una apariencia. Jesucristo nació, vivió entre las personas, padeció y murió realmente. En la fe pentecostal unicitaria confesamos que el único Dios se manifestó en carne; por eso no debemos debilitar ni su humanidad verdadera ni la plenitud divina que las Escrituras revelan en Cristo.

Para completar el cuadro, leamos también Juan 1:14 y Colosenses 2:9. Cada pasaje aporta su propio testimonio: Juan habla del Verbo hecho carne, y Pablo declara que en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. No necesitamos forzar Hechos 2 para que diga cada una de estas cosas; podemos permitir que toda la Escritura contribuya a nuestra comprensión.

3. La cruz no fue una derrota definitiva

En Hechos 2:23, Pedro afirma que Jesús fue entregado conforme al determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, y a la vez responsabiliza a quienes participaron en su crucifixión. El pasaje sostiene ambas verdades: el propósito redentor de Dios no fracasó, y la responsabilidad humana no desaparece por ello.

Quizá te has preguntado cómo puede estar presente el propósito de Dios y, al mismo tiempo, ser responsables las personas. Pedro no desarrolla aquí una explicación filosófica de todos los aspectos de esa relación; afirma que la muerte de Jesús ocurrió dentro del propósito conocido por Dios y denuncia la injusticia cometida por seres humanos. Conviene no decir más de lo que el texto dice, pero tampoco reducir su fuerza.

La cruz, entonces, no es el final de la historia. En el versículo 24 Pedro anuncia que Dios resucitó a Jesús y declara que la muerte no podía retenerlo. El centro del mensaje apostólico no es un Cristo que quedó vencido, sino el Crucificado que resucitó.

Para meditar: la predicación cristiana no puede separar la cruz de la resurrección. Anunciamos la muerte de Jesús, pero también proclamamos que Dios lo levantó de entre los muertos.

4. Pedro interpreta las Escrituras para anunciar la resurrección

En Hechos 2:25-31, Pedro cita palabras de David y explica por qué no se agotan en la experiencia personal del rey. David murió y su sepulcro permanecía entre ellos; por eso Pedro relaciona la promesa de que el Santo no vería corrupción con la resurrección de Jesucristo.

Fijate en el método del apóstol: no usa la Escritura como adorno. Lee el texto, lo conecta con los hechos que sus oyentes conocen y expone por qué ve en Jesús su cumplimiento. Este ejemplo nos enseña a estudiar con reverencia y cuidado. Antes de aplicar un versículo, debemos preguntar quién habla, a quién se dirige, qué argumento lo rodea y cómo lo utiliza el propio autor bíblico.

En Hechos 2:32, Pedro añade que Dios resucitó a Jesús y que los apóstoles eran testigos. La resurrección no se presenta como una simple metáfora de esperanza ni como una impresión íntima de los discípulos. Es el acontecimiento que ellos proclaman como obra de Dios y fundamento de su testimonio.

5. ¿Qué significa que Jesús fue exaltado a la diestra de Dios?

Hechos 2:33 dice que Jesús fue exaltado a la diestra de Dios, recibió del Padre la promesa del Espíritu Santo y derramó lo que la multitud estaba viendo y oyendo. Así explica Pedro el acontecimiento de Pentecostés: el derramamiento del Espíritu está relacionado con la exaltación de Jesucristo.

La expresión «a la diestra de Dios» pertenece al lenguaje bíblico de honor, autoridad y victoria. No debemos convertirla automáticamente en una descripción física, como si el Espíritu eterno tuviera necesariamente un cuerpo sentado junto a otro cuerpo. Sin embargo, tampoco debemos borrar la relación que el relato presenta entre Dios y el Jesús resucitado. Pedro está narrando la obra de salvación: el que fue crucificado ha sido vindicado y exaltado, y desde esa posición derrama el Espíritu prometido.

Desde la perspectiva unicitaria, confesamos un solo Dios y entendemos que Dios se manifestó en carne en Jesucristo. Para explicar cómo se relacionan la humanidad verdadera de Jesús, la plenitud divina y el lenguaje de exaltación, conviene leer este pasaje junto con Lucas 24:26, Juan 14:8-11, Filipenses 2:5-11 y Colosenses 2:9. No todos estos textos cumplen la misma función, así que debemos atender al argumento particular de cada uno.

Una clave para interpretar el pasaje

Hechos 2:33-36 presenta la exaltación de Jesús y concluye que Dios lo ha hecho «Señor y Cristo». En el contexto, Pedro proclama la vindicación y entronización mesiánica del Jesús crucificado y resucitado. El versículo no afirma por sí solo que Jesús comenzara a existir en ese momento; habla de lo que Dios hizo con él después de la crucifixión.

6. «Dios le ha hecho Señor y Cristo»

Esta es la conclusión de Pedro. «Cristo» significa Mesías o Ungido: Jesús es el Rey prometido. «Señor» comunica autoridad y señorío. Al resucitar y exaltar a Jesús, Dios lo vindica públicamente; Israel debe reconocer que aquel a quien rechazó es el Mesías anunciado.

Es importante leer la frase «Dios le ha hecho» dentro de ese argumento. Pedro no explica aquí que Jesús fuera un simple hombre al que después se le concedió la naturaleza divina. Está anunciando la acción de Dios al resucitar y exaltar al Mesías. Para estudiar la identidad de Jesucristo en toda su amplitud, debemos poner este discurso en diálogo con los pasajes que hablan de la encarnación y de la plenitud de la Deidad en Cristo, sin hacer que una sola expresión responda por sí misma todas las preguntas doctrinales.

La reacción de los oyentes confirma que la predicación no buscaba únicamente transmitir información. Hechos 2:37 dice que fueron compungidos de corazón y preguntaron qué debían hacer. Pedro les respondió llamándolos al arrepentimiento y al bautismo en el nombre de Jesucristo (Hechos 2:38). En nuestra siguiente etapa de estudio podremos examinar con mayor detalle esta respuesta apostólica.

7. ¿Cómo conecta este mensaje con la Unicidad de Dios?

Quiero que distingamos entre lo que el pasaje afirma directamente y la síntesis doctrinal que hacemos al leerlo junto con otros textos. Esa distinción no debilita nuestra convicción; nos ayuda a enseñarla con honestidad y precisión.

Un solo Dios

La predicación de Pedro permanece dentro de la fe bíblica de Israel en un solo Dios. Para estudiar este fundamento, leamos también Deuteronomio 6:4 e Isaías 45:5.

Jesús, Mesías resucitado

El Jesús crucificado es el mismo que Dios resucitó y exaltó. La resurrección y el señorío de Cristo son centrales en el anuncio apostólico.

El Espíritu derramado

Pedro vincula la exaltación de Jesús con el derramamiento del Espíritu Santo que la multitud estaba presenciando en Pentecostés.

La conclusión unicitaria se construye considerando el testimonio bíblico en conjunto: Dios es uno; en Jesucristo se revela Dios manifestado en carne; Jesús es verdaderamente humano, murió y resucitó; y el Cristo exaltado ejerce el señorío que Pedro proclama. Hechos 2 aporta una pieza esencial de ese testimonio, pero debemos permitir que otros pasajes desarrollen otros aspectos de la revelación.

8. ¿Qué aprendemos para la Iglesia de hoy?

La predicación de Pedro nos deja un modelo que podemos llevar a nuestra congregación, a nuestras conversaciones y a nuestro servicio evangelístico.

  1. Prediquemos a Jesucristo. La cruz y la resurrección no son asuntos secundarios; están en el centro del anuncio apostólico.
  2. Expliquemos la Biblia en su contexto. Pedro relacionó las Escrituras con los acontecimientos y explicó su argumento. Hagamos lo mismo en vez de usar versículos aislados.
  3. Hablemos con precisión. Cuando usemos términos como «Señor», «Cristo», «Hijo» o «diestra», expliquemos su significado según el pasaje que estamos estudiando.
  4. Llamemos a una respuesta. La enseñanza bíblica debe conducir a la fe, al arrepentimiento, a la obediencia y a una vida transformada, no solo a acumular datos.
  5. Dependamos del Espíritu Santo. Pentecostés forma parte del testimonio apostólico acerca de Jesús y de la obra de Dios en su Iglesia.

9. Preguntas para conversar y repasar

No respondás de memoria solamente. Volvé al texto y señala qué versículo apoya tu respuesta.

  1. ¿Qué acontecimientos de la vida y obra de Jesús menciona Pedro en Hechos 2:22-36?
  2. ¿Cómo presenta Pedro la relación entre el propósito de Dios y la responsabilidad humana en la crucifixión?
  3. ¿Por qué ocupa la resurrección un lugar central en el discurso?
  4. ¿Qué comunica la expresión «a la diestra de Dios» en el contexto de la exaltación?
  5. ¿Qué significa que Dios hizo a Jesús «Señor y Cristo» en la conclusión de Pedro?
  6. ¿Cómo relaciona Pedro el derramamiento del Espíritu con la exaltación de Jesús?
  7. ¿Qué diferencia hay entre explicar lo que Hechos 2 afirma directamente y elaborar una síntesis con otros pasajes bíblicos?

10. Actividad para la semana

Lee Hechos 2:22-39 tres veces durante la semana. En la primera lectura, anotá lo que Pedro dice sobre la muerte de Jesús; en la segunda, identifica las referencias a la resurrección y la exaltación; y en la tercera, observa la respuesta que Pedro pide a sus oyentes. Después, escribe un resumen de cinco a ocho líneas y compartilo con otra persona. Procurá explicar el mensaje sin sacar las frases de su contexto.

11. Conclusión: anunciar al Jesús crucificado y exaltado

Pedro presenta a Jesucristo en el centro del propósito redentor de Dios: su ministerio fue público, su muerte ocurrió dentro del propósito divino, Dios lo resucitó y lo exaltó, y ahora la Iglesia lo proclama Señor y Cristo. Este anuncio no invita únicamente a admirar una enseñanza; exige una respuesta de fe y obediencia.

Como creyentes pentecostales unicitarios, estudiamos este discurso dentro de nuestra confesión de que Dios es uno y de que se ha revelado en Jesucristo. Hagámoslo con convicción, pero también con rigor: afirmemos lo que el texto dice, expliquemos el contexto y relacionemos sus enseñanzas con el testimonio completo de las Escrituras. Así podremos predicar a Cristo con claridad y conducir a otros hacia una fe arraigada en la Palabra.

Oración final

Señor Jesús, gracias por tu muerte y resurrección, y por el testimonio de tus apóstoles. Ayúdanos a proclamar tu Palabra con fidelidad, a comprender las Escrituras en su contexto y a vivir bajo tu señorío. Llénanos de tu Espíritu Santo y haz que nuestro testimonio conduzca a otros al arrepentimiento, a la fe y a una vida transformada. Danos humildad para aprender, valor para anunciar la verdad y amor para servir a las personas. Amén.

Continúa estudiando las enseñanzas de esta colección.

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