5 El monoteísmo del Antiguo y del Nuevo Testamento

El monoteísmo del Antiguo y del Nuevo Testamento | Colección I
Camino que se extiende hacia el horizonte bajo un cielo amplio
Colección I · El fundamento de la Unicidad de Dios

El monoteísmo del Antiguo y del Nuevo Testamento

Una misma confesión bíblica: hay un solo Dios, y toda la Escritura debe leerse a la luz de esa verdad.

Propósito de esta enseñanza

Al finalizar, podrás reconocer que la confesión de un solo Dios atraviesa el Antiguo y el Nuevo Testamento, comprender Marcos 12:29 y 1 Corintios 8:4-6 en su contexto y explicar por qué los apóstoles no abandonaron el monoteísmo de Israel al predicar a Jesucristo.

Lectura principal: Marcos 12:29Lectura complementaria: 1 Corintios 8:4-6

1. ¿Cambió el Dios de la Biblia entre los dos Testamentos?

Algunas personas imaginan que el Antiguo Testamento enseña que hay un solo Dios, pero que el Nuevo Testamento presenta una idea completamente distinta. Para evaluar esa afirmación, no basta con escoger una frase de cada parte de la Biblia. Debemos examinar el testimonio completo y preguntar qué creían Jesús y los apóstoles acerca de Dios.

El Nuevo Testamento no comienza anunciando que el Dios de Israel ha dejado de ser uno. Jesús, sus discípulos y los primeros creyentes eran herederos de las Escrituras de Israel. Cuando enseñaban acerca de Dios, lo hacían dentro de ese marco bíblico, aunque también proclamaban la revelación de Dios en Jesucristo.

La pregunta de esta lección es sencilla, pero decisiva: ¿cómo mantienen los escritos apostólicos la confesión de un solo Dios mientras anuncian a Jesús como Señor y Salvador?

2. La confesión de Israel: «Jehová uno es»

Deuteronomio 6:4 — fragmento«Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es».

Esta declaración, conocida como el Shemá, era una confesión central para Israel. No era solo una fórmula para memorizar; llamaba al pueblo a reconocer quién era su Dios y a vivir en lealtad a Él. Los versículos siguientes ordenan amar a Jehová con todo el corazón, el alma y las fuerzas, y guardar sus palabras en la vida cotidiana.

La unidad de Dios, por tanto, no es un dato aislado. Está vinculada con la adoración exclusiva, la obediencia y el amor. Si Jehová es uno, Israel no debe dividir su devoción entre Él y las divinidades de las naciones.

Este es el fundamento que debemos recordar al leer el Nuevo Testamento. Una interpretación responsable no debe suponer que Jesús o los apóstoles descartaron sin explicación la confesión que la Escritura presenta como central.

3. Jesús reafirma el Shemá

Marcos 12:29 — fragmento«El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es».

Un escriba le preguntó a Jesús cuál era el mandamiento más importante. Jesús respondió citando el Shemá de Deuteronomio 6:4 y añadió que debemos amar a Dios con todo nuestro ser. El detalle es significativo: Jesús no corrigió la confesión de Israel para sustituirla por una declaración de varios dioses. La afirmó como fundamento del mayor mandamiento.

En Marcos 12:32, el escriba reconoce que Dios es uno y que no hay otro fuera de Él; Jesús considera acertada su respuesta. El intercambio muestra que la confesión de un solo Dios seguía siendo esencial en la enseñanza de Jesús.

¿Qué debemos aprender? Si queremos entender a Jesús, debemos tomar en serio lo que Él mismo declaró. Su enseñanza acerca de sí mismo no debe estudiarse separada de su afirmación del único Dios. La doctrina cristiana necesita integrar ambos testimonios, no hacer que uno borre al otro.

4. Pablo y la confesión de un solo Dios

1 Corintios 8:4 — fragmento«No hay más que un Dios».

Pablo escribe a una iglesia que vivía en una ciudad llena de templos e imágenes dedicadas a distintas divinidades. El tema inmediato era si los creyentes podían comer alimentos relacionados con sacrificios ofrecidos a ídolos. En ese contexto, Pablo declara que un ídolo no es un dios verdadero y que no existe más que un Dios.

En el versículo 6 añade: «para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas… y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas». Este pasaje merece una lectura cuidadosa. Pablo afirma la unicidad de Dios y, en la misma frase, confiesa a Jesucristo como el único Señor en relación con la creación y la vida de los creyentes.

La frase distingue las expresiones «un Dios, el Padre» y «un Señor, Jesucristo», pero no debemos concluir automáticamente que Pablo está describiendo dos dioses. El mismo pasaje comienza rechazando a los muchos dioses y reafirmando que solo hay uno. La pregunta interpretativa es cómo relaciona Pablo al único Dios con Jesucristo, por medio de quien son todas las cosas.

Desde la perspectiva pentecostal unicitaria, este texto se entiende junto con el resto de la revelación bíblica: Dios es uno, y Jesucristo es la revelación de Dios en carne. Esta conclusión no depende de una frase aislada, sino de comparar 1 Corintios 8 con Juan 1:1-14, Juan 14:9 y Colosenses 2:9, entre otros pasajes. Debemos reconocer qué afirma directamente cada texto y cómo se conectan al formar una enseñanza bíblica completa.

5. ¿Por qué Pablo llama a Jesús «Señor»?

En el mundo bíblico, la palabra «Señor» puede funcionar como título de autoridad y también aparece en traducciones del nombre divino en las Escrituras de Israel. Por eso, no debemos decidir el significado de una palabra sin mirar su contexto. En 1 Corintios 8:6, Pablo atribuye a Jesucristo una función central: todas las cosas son por medio de Él, y nosotros vivimos para Él.

El resto del Nuevo Testamento desarrolla la identidad de Jesús con declaraciones extraordinarias. Juan 1:14 dice que el Verbo se hizo carne; Juan 20:28 recoge la confesión de Tomás: «¡Señor mío, y Dios mío!»; y Colosenses 2:9 afirma que en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.

La perspectiva unicitaria conecta estos textos para confesar que Jesucristo no es un segundo Dios independiente, sino el único Dios revelado en carne. Al mismo tiempo, debemos leer cada pasaje en su contexto, sin afirmar que 1 Corintios 8:6 explica por sí solo todos los detalles de la encarnación. Esa comprensión se construye a partir del testimonio conjunto de las Escrituras.

6. Una sola historia bíblica, no dos mensajes contradictorios

En el Antiguo Testamento

Jehová declara que no hay otro Dios fuera de Él (Isaías 44:6-8), que Él es el único Salvador (Isaías 43:10-11) y que Israel debe amarlo con todo su ser (Deuteronomio 6:4-5).

En las palabras de Jesús

Jesús reafirma el Shemá y enseña que el Señor nuestro Dios es uno (Marcos 12:29-30). También revela al Padre por medio de sus palabras y obras (Juan 14:8-11).

En la predicación apostólica

Los apóstoles proclaman que Dios es uno y anuncian la salvación en Jesucristo (Hechos 2:36; 4:10-12). Sus declaraciones sobre Jesús deben entenderse junto con su confesión del único Dios.

La continuidad no significa que todos los pasajes utilicen las mismas palabras ni que no haya preguntas difíciles. Significa que debemos buscar una interpretación que haga justicia al conjunto de la Escritura, en lugar de suponer que una parte cancela silenciosamente a la otra.

7. Errores que debemos evitar al estudiar

  • Usar solo un versículo: un texto importante debe leerse junto con su contexto y con el resto de la enseñanza bíblica.
  • Ignorar una afirmación incómoda: si un pasaje parece difícil, debemos estudiarlo, no esconderlo.
  • Confundir una conclusión con una cita textual: hay declaraciones explícitas y también conclusiones que surgen al comparar varios pasajes. Conviene distinguirlas.
  • Discutir sin amor: la convicción doctrinal debe ir acompañada de respeto, paciencia y disposición a explicar.
Verdad central: el Antiguo y el Nuevo Testamento confiesan que hay un solo Dios. El Nuevo Testamento añade su testimonio acerca de Jesucristo; nuestra tarea es comprender cómo se relacionan ambos énfasis a la luz de toda la Escritura.

8. Aplicación para nuestra vida

Creer que Dios es uno debe llevarnos a una lealtad indivisa. No podemos confesar al único Señor con los labios mientras entregamos el corazón a otros señores. Nuestra adoración, prioridades y decisiones deben reflejar que Dios ocupa el primer lugar.

También debemos aprender a explicar nuestra fe con Biblia abierta. La meta no es ganar una discusión a cualquier precio, sino ayudar a otros a conocer lo que creemos y por qué lo creemos. Un buen estudiante escucha la pregunta, vuelve al texto, examina el contexto y responde con mansedumbre.

9. Preguntas para comprobar lo aprendido

  1. ¿Qué enseña Deuteronomio 6:4 sobre Dios y qué relación tiene con la adoración?
  2. ¿Qué hizo Jesús cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante?
  3. ¿Cuál era el problema relacionado con los ídolos en 1 Corintios 8?
  4. ¿Qué dice Pablo acerca de «un Dios» y «un Señor» en 1 Corintios 8:6?
  5. ¿Por qué no debemos usar 1 Corintios 8:6 aislado de Juan 1:1-14 y Colosenses 2:9?
  6. ¿Qué diferencia hay entre una afirmación textual y una conclusión doctrinal basada en varios pasajes?

10. Actividad personal para esta semana

Lee Deuteronomio 6:4-9, Marcos 12:28-34 y 1 Corintios 8:4-6. Divide una página en dos columnas: «Lo que el texto afirma directamente» y «Lo que comprendo al compararlo con otros pasajes». Anota tus observaciones y marca cualquier pregunta que necesites estudiar con más profundidad.

Oración final

Señor, ayúdame a recibir toda tu Palabra con reverencia y sinceridad. Afirma en mí la verdad de que tú eres el único Dios. Dame entendimiento para estudiar las palabras de Jesús y de los apóstoles en su contexto, humildad para reconocer lo que aún necesito aprender y amor para compartir mi fe con paciencia. Guíame a conocerte más profundamente por medio de las Escrituras y a vivir con una devoción sincera hacia ti. Amén.

Conclusión

El Shemá de Deuteronomio 6:4, la enseñanza de Jesús en Marcos 12:29 y la confesión de Pablo en 1 Corintios 8:4-6 nos llaman a reconocer la continuidad de la fe bíblica en un solo Dios. El Nuevo Testamento también revela a Jesucristo de una manera singular y decisiva. Para comprender esa relación, debemos leer con cuidado, comparar pasajes y permitir que el testimonio completo de la Escritura forme nuestra convicción.

En la siguiente enseñanza estudiaremos «¿Quién es Jehová? El Dios que se revela a su pueblo», a partir de Éxodo 3:13-15.

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